Para mí, resulta fundamental que la ciudadanía conozca, desde el primer momento, el carácter y la forma como llevaré a cabo mi campaña; hago esto porque quiero que mi campaña sea el reflejo y la muestra fiel de lo que, si la ciudadanía me da su respaldo, habrá de ser mi gobierno.
Yo sí creo que la forma cómo se gana el poder y cómo se gana una elección, determinan la forma como se gobierna.
Por eso, teniendo como marco el parque de la Colonia Felipe Carrillo Puerto, la colonia desde la que con esfuerzo mi familia empezó a abrirse camino en la vida, quiero asumir compromisos firmes con quienes viven en Yucatán, compromisos sobre la forma como habré de llevar a cabo mis tareas y responsabilidades públicas si soy electo como próximo Gobernador de Yucatán.
Lo hago aquí en la Felipe Carrillo porque nunca quiero olvidar mis raíces y siempre quiero estar cerca de mi gente.
Mi primer compromiso es con una campaña que refleje los valores en los que yo creo, que refleje mi espíritu como servidor público, como padre de familia y como yucateco.
Que refleje mi forma de ser, porque me he comprometido a ser el mismo y no cambiar
Por esa razón, mi campaña será sobria, sin excesos ni derroches.
Se requiere una campaña austera porque todos los recursos públicos y sociales, en un estado con los retos que enfrenta Yucatán, deben enfocarse a atender los temas que de verdad determinan la calidad de vida de nuestra gente; hacer otra cosa iría en contra del ánimo y del espíritu crítico de nuestra sociedad.
Se requiere una campaña sobria porque sólo así nos encaminaremos hacia un gobierno eficiente pero discreto, con espíritu de servir a al gente, y jamás con espíritu de proyección, brillo o lucimiento personal.
Una campaña sin derroches será la marca de un gobierno que utilizará cada centavo que recibe de los ciudadanos para transformar nuestra economía, para garantizar que los niños, los jóvenes, los ancianos, los ciudadanos en edad productiva, tengan lo necesario para salir adelante.
Ése es mi primer compromiso de campaña y ésa quiero que sea la primera marca de mi gobierno: mi compromiso es con la austeridad pública, porque sólo con austeridad de gobierno, puede haber prosperidad social.
El segundo gran compromiso que asumo hoy con la ciudadanía, es el de una campaña seria, responsable y ordenada.
En Yucatán, no nos podemos dar el lujo de desperdiciar oportunidades de desarrollo, ni tiempos para conseguir que las cosas que los ciudadanos reclaman de verdad se hagan.
La mía será una campaña de propuestas; propuestas realistas, para las que existan recursos y que se lleven a cabo en los tiempos comprometidos.
Cada propuesta, obra o programa con el que yo me comprometa en los próximos 83 días, será un compromiso surgido de escuchar las necesidades reales de la gente de su propia voz, de analizar los presupuestos con los que el estado verdaderamente cuenta o puede gestionar y de trabajar con los expertos sobre los tiempos en que se pueden llevar a cabo.
Un estado con casi 2 millones de habitantes, con una economía de más de 175 mil millones al año y donde la mitad de sus ciudadanos tienen menos de 26 años, requiere un gobierno ordenado, un gobierno que dé tranquilidad sobre el rumbo que estamos siguiendo.
Con ese objetivo en la mente, una campaña responsable y seria será la marca de un gobierno ordenado, disciplinado y con espíritu de verdadero servicio al desarrollo del estado, un gobierno profesional y de gente capaz sí contribuya al bienestar de todos.
El tercer gran compromiso que asumo con la ciudadanía, es el de hacer una campaña con todos los ciudadanos que viven en Yucatán.
Porque sólo haciendo una campaña con todos, podré gobernar con todos y para todos. Quiero que los ciudadanos del estado se sientan y se sepan tomados en cuenta en las decisiones del gobierno.
Yo no quiero tener una campaña enfocada exclusivamente a vencer en las urnas, quiero una campaña empeñada en convencer sobre lo que juntos podemos lograr.
Porque el Yucatán al que todos aspiramos, un Yucatán que siga siendo seguro, un Yucatán con mejores empleos, con educación de calidad y con salud al alcance de cada familia, sólo puede lograrse si sociedad y gobierno aceptan críticas, dialogan, construyen consensos y logran acuerdos duraderos.
Es tiempo de dejar atrás los discursos y acciones que quieren dividir a Yucatán entre ricos y pobres, entre ciudad y campo, entre azules y rojos, entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada. La división siempre le ha hecho daño a esta tierra.
Es tiempo de dejar atrás las campañas políticas de enemigos o de adversarios, para que éstas retomen su esencia: que las campañas sean simplemente el espacio para que los ciudadanos contrasten lo perfiles, las propuestas y los compromisos que los partidos les oferten.
Que sean competencias justas donde las diferencias y la diversidad de opinión al final se conviertan en un fortaleza para el estado, porque el ganador deberá conocer y asumir las voces y la voluntad de todos.
Todos los ciudadanos que viven en este gran estado, sin importar si viven en el campo o en la ciudad, sin importar su situación económica, modesta o elevada; sin importar su nivel de educación, básico o de posgrado; sin importar si su casa está en el Norte o en el Sur de Mérida, merecen ser tomados en cuenta, merecen respeto y merecen oportunidades de acuerdo a sus necesidades.